Cada vez que me acuerdo, me parto y me mondo. Si algún día queréis montar una velada romántica, por favor, tener en cuenta que hay que desmontar todo el kiosco una vez la velada haya terminado. Y si no quieres dejar rastro, desmontarlo con tranquilidad.
Tod@s hemos aprovechado alguna oportunidad para sorprender a alguien y yo, no iba a ser menos. Me quedaba solita en casa por unas horas y se me ocurrió la genial idea de prepararle a mi pareja una velada súper romántica. Una buen entrante, un exquisito primer plato, un sorprendente segundo y ... muchas velas para el postre.
Todo transcurre como estaba previsto. Cenar a la luz de unas velas hace que todo sepa mejor, que el ambiente parezca diferente. Había velas por todos los rincones, rojas, amarillas, azules y verdes, qué lástima, que no se me ocurriera ponerlas todas de vainilla, esas claritas que huelen tan bien, no, no, de colores. Ni que decir tengo, que la velada era top secret y clandestina y que no la podía alargar demasiado, pero claro, como la economía no daba para más, había que apañarse. Así que una vez finalizada allí no debía haber pasado nada y no se podía notar. Tranquil@s, no quemé la casa.
Total, que la noche se produjo súper bien y llegado el momento, (más bien la hora) me susurran al oído, <te espero en el coche en 5 minutos y le ponemos la guinda al pastel>. Perfecto, todo era perfecto, recoger cuatro platos, abrir las ventanas y punto. Y yo, tan precavida que era, lo recojo todo y claro, las velas que queden apagaditas, apagaditas, no vaya a ser...
SÚPER SOPLIDO A LAS VELAS y súper churretazo de color a la pared, y no uno, sino unos cuantos, porque yo me líe a soplar y soplar y cuando enciendo la luz para asegurarme que allí no había pasado nada... CHURRETAZOS. Aún me duelen las uñas de intentar quitar la cera, ahora que el churrete, no se quitaba ni a la de tres. Me cortó el rollo de una manera...
Conclusión, si puedes, vete a un hotel, y si no, sopla las velas DESPACITO¡¡¡¡.
Tod@s hemos aprovechado alguna oportunidad para sorprender a alguien y yo, no iba a ser menos. Me quedaba solita en casa por unas horas y se me ocurrió la genial idea de prepararle a mi pareja una velada súper romántica. Una buen entrante, un exquisito primer plato, un sorprendente segundo y ... muchas velas para el postre.
Todo transcurre como estaba previsto. Cenar a la luz de unas velas hace que todo sepa mejor, que el ambiente parezca diferente. Había velas por todos los rincones, rojas, amarillas, azules y verdes, qué lástima, que no se me ocurriera ponerlas todas de vainilla, esas claritas que huelen tan bien, no, no, de colores. Ni que decir tengo, que la velada era top secret y clandestina y que no la podía alargar demasiado, pero claro, como la economía no daba para más, había que apañarse. Así que una vez finalizada allí no debía haber pasado nada y no se podía notar. Tranquil@s, no quemé la casa.
Total, que la noche se produjo súper bien y llegado el momento, (más bien la hora) me susurran al oído, <te espero en el coche en 5 minutos y le ponemos la guinda al pastel>. Perfecto, todo era perfecto, recoger cuatro platos, abrir las ventanas y punto. Y yo, tan precavida que era, lo recojo todo y claro, las velas que queden apagaditas, apagaditas, no vaya a ser...
SÚPER SOPLIDO A LAS VELAS y súper churretazo de color a la pared, y no uno, sino unos cuantos, porque yo me líe a soplar y soplar y cuando enciendo la luz para asegurarme que allí no había pasado nada... CHURRETAZOS. Aún me duelen las uñas de intentar quitar la cera, ahora que el churrete, no se quitaba ni a la de tres. Me cortó el rollo de una manera...
Conclusión, si puedes, vete a un hotel, y si no, sopla las velas DESPACITO¡¡¡¡.
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